La primera cita va de maravilla: Una romántica velada en un restaurante, con un buen vino y una conversación agradable. Con el final de la velada llega el momento de la verdad: ¿quién paga?
Cada uno debería pagar su cuenta. Aún no hay tanta confianza por lo que se debería mantener cierta distancia.
Dejo que me inviten – a fin de cuentas he sido yo quien ha buscado el tiempo para vernos.
Yo invito en la primera cita.
Si me invitan me siento comprometido/a a quedar para otra cita.
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